domingo, 10 de junio de 2012

¿Realmente crees que tu cerebro piensa igual que tú sobre política?


¿Realmente crees que tu cerebro piensa igual que tú sobre política?

Los electrodos conectados al cerebro no mienten: un televisor, un botón y un gorro con sensores que transmiten la actividad eléctrica hacia una computadora son suficientes para identificar las regiones cerebrales que se activan cuando un individuo recibe un mensaje político. “No hay posibilidad de mentir”, asegura el neurofisiólogo clínico Jaime Romano.

Las mediciones neurológicas permiten saber exactamente qué piensa la gente, sin dar margen a que se mienta. Una persona que se diga liberal seguramente tendrá reacciones cerebrales que coincidan con su postura política... o no: hay quienes presionan su discurso para mostrarse más liberales de lo que realmente son, y aquellos que se autodenominan conservadores, quizá no lo sean tanto.

Como resultado de la evolución, el cerebro tiene tres niveles que funcionan interconectados: el reptiliano o instintivo, formado hace 500 millones de años donde se organiza el comportamiento rutinario; el límbico o emocional, donde se activan el miedo, el aprendizaje y los llamados reflejos viscerales o emociones, y por último, el córtex o cerebro pensante, que es la parte más evolucionada del cerebro humano. Las preferencias políticas pasan por los tres.

El voto, sin embargo, es más parecido a una superstición, explica César Monroy, director de Investigación y Desarrollo de Neuromarketing, especialista en psicología y neurociencias. La psicología electoral llegó a sospechar que se elegía a un candidato por la situación de bienestar que este proyectaba por medio del lenguaje no verbal y de los valores que conectaban con el votante. En los años ochenta, las neurociencias comprobaron que el voto no era una decisión racional, fría y calculada, sino una decisión heurística, basada en métodos no rigurosos como el tanteo o las reglas empíricas.

Ante las urnas, el votante evoca recuerdos, miedos, temores y satisfacciones; la aparente decisión “racional” de cruzar una boleta, en realidad solo refleja un sentimiento de aversión o aprecio por un candidato.

Cada quien actúa como le ha ido en la feria”. Es una elección que se alimenta de creencias que pueden ser ciertas o no. Al igual que en las supersticiones, estas tienen un peso simbólico que sustenta decisiones concretas, a pesar de la irrealidad o falsedad de esas convicciones, dijo Monroy.

El voto se ejerce desde los valores morales guardados en los “marcos” o metáforas que los circuitos neuronales de cada individuo han construido. Cuando los hechos no encajan en esos marcos, se ignoran a nivel inconsciente. Esto explica por qué hechos concretos —como descubrir que los políticos mienten o son ignorantes y corruptos— no modifica la intención de voto.

El cerebro electoral

Como director de Neuromarketing, el Dr. Romano acepta usar la tecnología que su empresa aplica al análisis de funciones mentales vinculadas con la intención de compra o la toma de decisiones, a una muestra representativa de mexicanos. Titulado “El cerebro político del mexicano”, el objetivo del estudio fue conocer la respuesta neuronal de votantes ante dos spots televisivos del Instituto Federal Electoral que invitan a votar en las próximas elecciones del 1 de julio.

Uno de los spots del IFE era de corte liberal y el otro de tendencia conservadora, calificados así según una escala psicométrica, de acuerdo con los valores que transmiten y el tipo de personas que son representadas.

En la pantalla del televisor se ve el primer anuncio, que en 30 segundos escenifica la discusión de tres jóvenes sobre las ventajas y desventajas de abstenerse de votar. Luego se ve una secuencia de imágenes fijas seleccionadas del anuncio que, de acuerdo con Monroy, proyectan de manera más representativa un mensaje liberal, como es el caso de dos mujeres jóvenes discutiendo apasionadamente con un hombre. Apretando un botón, el espectador debe escoger aquellas que le causen mayor empatía para votar.

Al terminar aparece el segundo spot del IFE, que muestra la conversación entre una joven y su abuelo, quien explica el valor del voto como un derecho ganado para las mujeres. Nuevamente, el voluntario debe elegir las imágenes fijas con las que simpatiza y que fueron seleccionadas de acuerdo con un ángulo conservador, como un abuelo conversando dulcemente con la nieta que lo escucha con respeto.

El registro electroencefalográfico que se realiza durante el estudio mide la actividad tanto de la corteza cingulada anterior como de la amígdala ante la exposición de las imágenes. Tanto liberales como conservadores procesan la información de la misma forma, a la misma velocidad y con la misma facilidad, cuando se les presentan propuestas que contravienen sus creencias. Si a un conservador se le pregunta sobre la eutanasia, o a un liberal se le pide su opinión sobre los gastos de gobierno ante una visita papal, ambos cerebros tardarán entre 200 y 250 milisegundos en detectar que estas propuestas amenazan sus convicciones.

Esa velocidad de respuesta indica que se trata de decisiones que se toman en la parte del cerebro más automático. La gente ni siquiera es consciente de qué tan rápido su cerebro detecta temas que contravienen sus propias creencias”, comenta Monroy.

Los resultados del estudio fueron “sorprendentes”, a decir del mismo Monroy, pues se observó una tendencia sorpresiva en los primovotantes de un estilo de pensamiento conservador mayor al esperado y al que los participantes autorreportaron.

Los jóvenes presentaron además una respuesta emocional más intensa en la propaganda conservadora en comparación con la liberal.

Es una creencia popular que los radicalismos sociales y el inconformismo ante las instituciones son cualidades de los votantes jóvenes”, contrasta el especialista.

La población adulta, en cambio, resultó ser muy consistente entre la tendencia que promulgaba y su respuesta cerebral, notándose una fuerte aceptación de propuestas liberales. Finalmente, los votantes de tercera edad resultaron ser altamente conservadores, tal como otros estudios han demostrado.

El hallazgo del estudio de Neuromarketing se sostiene en la rapidez con la que los voluntarios hicieron sus selecciones: cuando una imagen se elige en menos de 300 milisegundos, significa que está respondiendo la parte del cerebro más automática; si al voluntario le toma más tiempo, significa que está contestando lo que cree que debe de contestar y no lo que realmente cree.

Esto es lo que ocurrió con algunos voluntarios que seleccionaron imágenes fijas de corte liberal o conservador, pero les tomó más de 800 milisegundos presionar el botón.

El cerebro es más rápido que nuestras acciones o incluso que nuestros pensamientos. Para que nosotros digamos una idea y plasmemos una postura política toma de 1,800 a 2,600 milisegundos. En esa diferencia de tiempo, el individuo detecta lo que va en contra o en sintonía con la creencia para demostrarlo de manera actitudinal”, dice Monroy.

¿Conservadores de clóset?

Neuromarketing y Quo convocaron a voluntarios de tres grupos de edad para comparar las reacciones de su cerebro contra sus elecciones conscientes en cuanto a tendencias políticas. Aquí los resultados:

* Se dicen conservadores: 25% de los jóvenes, 43% de los adultos y 62% de los adultos mayores.

* Se dicen liberales: 75% de los jóvenes, 57% de los adultos y 38% de la gente de la tercera edad.

* Piensan de forma conservadora: 48% de los jóvenes, 41% de los adultos y 82% de los adultos mayores.

* Piensan de forma liberal: 52% de los primovotantes, 59% de los adultos y 18% de la gente de la tercera edad.

* 23% de los primovotantes y 20% de los votantes de la tercera edad que se manifestaron liberales, en realidad pensaban de manera conservadora.

* En los adultos sucedió lo contrario, aunque en menor medida: 2% manifestó ser conservador aunque se detectó que en realidad eran liberales.

* Sumados estos porcentajes, resultó que 45% de los participantes tenían una tendencia política diferente de la que manifestaban.

De acuerdo con Monroy, el intervalo de confianza del estudio, de 95%, permite proyectar los resultados a toda la población mexicana.

¿Cómo votará cada uno de ellos en las próximas elecciones? “Seguramente votará por un candidato, pero va a decir que votó por aquel que en su círculo sea aceptado”, responde el neurocientífico... Pero su cerebro no puede mentir.

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